En lo que creo (J.G. Ballard)

"Creo en mis propias obsesiones, en la belleza del choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de un balneario desierto, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos para coches de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados"

viernes, 21 de enero de 2011

No podemos vivir sin poesía

Es más que curioso esto de trabajar en un lugar al que le digan el “Olimpo”. Es raro, anormal y aberrante desde mi perspectiva, pero yo lo elegí así. Me enfrento hoy a mi esquizofrenia diurna y vespertina. Es incomprensible desde todo punto de vista que, al momento de mayor actividad escritural  que realmente surgía del corazón de mi corazón, de mi rabia de la rabia que secretan mis entrañas, me vuelva un jil anacrónico que se va de gira al olimpo. Acuso recibo, parezco globo inflado, cuidado con el pinchazo. Abandono de funciones, abandono la ciudad, abandono a la gente de la ciudad, inmersión y asfixia alcurniosa y ascendente en la escala de primates cada vez más quejumbrosos e insatisfechos, directamente proporcionales a sus ingresos y joyas doradas en LSD. Curioso también pasar de las cloacas calurosas y hediondas a orillas del Mapocho al refrigerador fálico e higiénico de la torre ganadora de concursos chic e internacionales. ¡¡¡¡Qué manera de ser fanáticos del aire acondicionado estos camaradas apostólicos!!!! No podemos vivir sin poesía, no quiero ser un tonto solemne. Pero lo parezco, lo padezco.  Lo soy de 8 y pico temprano la mañanera hasta las 6 y verga apretando raja asalto D18 rumbo a comunidad Aguirre Lucco. Bajo cada día catorce pisos, bajo echando sangre por boca y narices. ¿Cómo será la próxima bajada?, ¿cómo será la caída libre?.
El poeta está ahí para que el árbol no crezca torcido, pero este tronco tiene las raíces con hipoglicemia, las hojas secas y la fruta podrida. Ni la rectitud aparente de sus ramas de espíritu salvaje logran engañar al todo poderoso. Esta es la esquizofrenia de vanguardia, del sobre viviente endeudado hasta el hoyo, la esquizofrenia del weón mentiroso que se peina lengüetazo, de terno y corbata jornada diurna: la pérdida del juicio crítico en horario laboral. El retorno a la casita se hace en yerba y arrumacos familiares desoxidantes. Es la locura del principio de este siglo que  tiene mala pinta. Esta es la miseria del pelota que ya no reclama como antes: me entrego. Suban, si les parece. Me parece, a la mierda el porrazo, todo sea por el seguro de muerte y para pagar el crematorio. Miren que mis zapatos son mis ataúdes.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Chabela two thousand and ten.


Ultimo día en la Fundación de Orquestas Juveniles, último día de horas programadas para vociferar las rabietas contra el planeta tierra y el orden de las cosas. Será probablemente mi ultimo día a tiro de cañón, mi último día sacándole brillo a la metralla, disparando cohetes teledirigidos a todos los conchasumadres que no piensan en el otro y que creen que su verdad es la verdad de todos. Esos jiles pueden irse directo al infierno de la señora Ossandón donde les espera karavina con su corneta bien emulsionada. Los dueños de bancos gerentes de empresas contaminantes  equipos de fútbol de la prensa de la tele todos aquellos que se sientan muy dueños de algo por favor inviertan todo su Kapital en un negocio poco rentable y arriesgado que tipín mayo ya les de perdidas gigantescas y los lleve a posicionarse en un semáforo reguleque a todo sol y toda lluvia.

A los brocacochi que les gusta el sambeque, compartir, pasarla bien, la poesía, la calentura y la música bien distorsionada mi más férreo abrazo de este puto fin de año porque del que viene ni hablar.... Y el abrazo más fuerte es para mi hermana la bellahermosa, mi hermano duro de matar y pal Renzo puro corazón.

viernes, 17 de diciembre de 2010

La primera vez que nos reunimos me preguntaba si en su primer mes de trabajo habrá pagado el piso

A las 12 tengo reunión con la jefa de gabinete de la primera dama en la moneda. La Lola es estupenda. Tiene el formato de niña pituca de colegio los andes, el formato de mina que a mi no me pescaba cuando yo estudiaba en el padre hurtado. No pasa los 30 años, tiene un buen magíster y  estudió abogacía, lo que basta y sobra para hacerse cargo de tamaña tarea y oficina. No miento si digo que hay tres grandes mesas de caoba y sillas estilo napoleónicas y garzón y comida a la carta y más de una secretaria todito para ella. La primera vez que nos reunimos me preguntaba si en su primer mes de trabajo habrá pagado el piso y a quienes habrá invitado y si podía conciliar el sueño con tanto poder en la espalda. Recuerdo que con Cecilia comentaban las horas de peluquería relajante que se daban en el mismo barrio donde se perdió la perra Juanita de Javiera Díaz de Valdés.

Se nos acerca el verano y es tiempo para descansar. Todos nos merecemos un tiempo de cambio, de relajo, de ocio. Mis veranos ya no son lo que eran, hoy por hoy no paso los quince días legales. Los primeros cinco me despierto exaltado a las 6 de la mañana como si mi despertador siguiera machacando. Los 5 siguientes son realmente diferentes y me apago y me vuelvo medio cromañón y quiero comer cordero, ir al campo, zapatear y me sale algo de barba y tomo color y empiezo a sentirme vivo. Los 5 últimos días lloro. Me cuesta dormirme y me angustio. Me carga volver. Me carga trabajar.

¿Pero qué pasa con nuestro presidente qué desde hace un tiempo le da por visitar el lago de mi infancia? ¿y cómo es qué descansa? El año pasado fue año de elecciones, año de campaña, año relámpago, año terrícola agotador. Para el no, para el seguro fue un año ganador, un año tranqui, un año de ventas y millones. El presidente es de otra especie, de otra bacteria o virus o viruela. Los periódicos y noticieros le mostraban cual Alien dando vueltas de aquí para allá. Que se subía al caballo con las nietecitas y una de sus hijas que después sería ministra. Al rato se le veía buceando con sendos equipos comprados en Cancún junto a sus hijos y un par de cabros amigos estudiantes de la portales que ahora son seremis, intendentes, directores regionales de alguna dependencia chora y entrete. Sin mentir, todavía en la mañana, antes de que les callera el cara de gallo en plena maceta encefálica ya se les veía  11 por lado con uniforme y canilleras puestas (algo que con amigotes tenemos prohibido en el libro a editar de las prohibiciones). Un tiempito de 40 minutos, abandona el equipo en plena goleada y se va a comprar unos locos (en veda) y unos erizos “para la CECI que anda de mala porque ayer le mostré el papelito a unos amigos que vinieron a vernos en la noche para comernos unos corderos al palo estilo patagónico de rio gallegos mientras el imbécil de mi hermano cancheaba un guitarreo por unas 50 luquitas usted sabe bien para qué”. Después del almuerzo y la comida no quisieron mostrar nada en la prensa, pero ya en la tardecita después de bajar la comida para evitar los calambres, el pirotécnico del presidente se subía a su saeta para tirar a algún nieto hincha pelotas en ski y luego en una donut “sacate la chucha cabro maricón”. Y llama al secretario y a su jefe de gabinete que tienen la suerte de vacacionar con el en la misma temporada y casa y pieza y baño. Y les dice, “jetones”, organicen un partido de polo con los Edwards que también andan por ahí en el lago y con los Zegers que no se les valla a olvidar invitarlos. Y así se entretiene el. El perla como le gusta que le digan las chiquillas de los masajes descontracturantes y tántricos con final sensitivo a toda raja. Así, sin parar, sin parar con su blackberry en el bolsillo del traje de baño, sin parar con su tik nervioso que ya le tomó la pirula. Así, en la tarde, se escapa a la moneda a mirar la foto, a revisar el outlook con la CIA, a mirar su cinturón presidencial que cuelga en su pared que debe y tiene que ser más grande que la pared de al lado y que la otra y que la otra de más allá, la de la niña que yo comentaba que anda estupenda con su peinado lais y sus regias shalabotas.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

En Navidad vestirse de monja también resulta


No hay como andar disfrazado de viejo pascuero. Los grados de respeto y sorpresa y asombro que te entrega la gentecita transeúnte son comparables a la ilusión de autoridad de un alcalde que se cree el hoyo del queque en tesito con el club de adulto mayor “los años dorados”. El poder de la blanca barba es peligrosísimo, entran ganas de mandarse un pato yañez frente a una comisaría o de peñiscarle el cachete izquierdo a la secretaria ejecutiva del puto banco chile que me debe al menos un wisky de regalo para fin de año. Lo digo porque lo sé. En los años universitarios financiaba el regalo a padre, madre y polola de turno –siendo más honesto y menos abacanado, la polola fue una y le escribía unos poemas enteros plagiados onda parchework que le gustaban pero no tanto-. Como les mentía, retomando, me ganaba buenas lucas a punta de representación pascuera en familia monárquica latifundista aliada de las FARC del gran amigo abogado te defiendo cuando estés en problemas vernácula.  Las acciones diseñadas en el guión familiar se torcían inmediatamente, se truncaban el mismo día 24 pasada las 16 hrs. El plan maestro se distorsionaba apenas los 30 grados de calor me llegaban al cerebelo arrancando del algun mol atiborrado de seres humanos pacientes y lindos del área completamente perfumada de la envoltura de regalos. Nunca cumplí mi rol, nunca fui lo que me pidieron: un viejo pascuero a cabalidad. En una de esas fotos guarras del viejo con los niños, la hermanita menor me dice: me engañas yo se quién eres. Un clásico que no aparecía en el guión pero que formaba parte tácita del contrato era fumarme un porrazo antes de la actuación. Nunca recordé cómo eran los cantos navideños ni las oraciones religiosas que confunden a los niños entre regalo y regalo enchufándoles un rito sacro en la geta. "Viejo pascuero, porqué no rezamos el padre nuestro", chucha ¿y eso que tiene que ver con Falabella? La acción comenzaba disfrazándome en departamento vernácula. Traje piñufla, barba piñufla. Almohadas en la panza y el zapato de mejor calce para los fines santa closanos. Salir del departamento detrás de todo ese ropaje era lo más entrete que hay, mirar a los pendex bien vestidos con bermudas y camisas mantel, los brothers peinados al cachetazo en ese verano sin nieve ni pino ni ninguna porquería yanqui, verlos horas antes de la misa de la gallina picúa, en fin... el contexto compañeros. Era para rayarse la cara de los pequeños arcángeles. Era para chiflarse y no volver a ser yo, el otro. Miraban con ojos de sapo y uno si andaba amoroso les regalaba un jojojo travesti de vos impostada. Si andaba de mala el obsequio llegaba desde el dedo vecino del anular, el del spaider. En el auto no faltaba ver al pascuero fumando un pucho, con anteojos de sol y música a todo cañón. Un pascuero rolinga. Faltaba la viejita eso sí. Siempre fantaseé con la misma escena: abuelo performatico e irreverente le mete mano a viejita vestida con mini roja satín.


Vestirse de las carmelitas también resulta. Es chistoso y sanamente recomendable, juegue a ser un santo hijo de puta. La gayá no entra en detalles, se queda en la silueta y la forma. Ni pescan que la monja weona ande con barba y piernas peludas (con cicatrices futboleras de tiempos lejanos, muy lejanos). Esa actuación nocturna fue pasadita los límites de la racionalidad y el juicio crítico del tiempo y el espacio psiquiátrico del doctor Van Helsing y su cómplice el señor Otto Dor, un robin del sexo con pastillas en el chiquitín.  La hermana Rosa y sus sacristanes dejaron la previa vip del limbo con tutti cuanti. La monja sedienta media tembeleque pide no terminar la función y se baja en El CIELO con la lengua llorando un ave mayo. El día de la bestia. El día de Sor Rosa fue pirotécnico. Recuerdo el baile con la punta del pié y la sotana o como se llame bien arremangadita para que no se interponga en el twisteo desquiciado que propiciaba el espíritu santo tan abominable que me tentaba como mi amigo el demonio que a veces llora en su depresión profunda provocada en la última confesión con su maestro Karadima  a quién le rogaba una donación por la necesidad de braseros para pasar el invierno en la JUNJI con la vieja coluda buena pa gozar sticky finger detrás de la virgencita que se llevó de la casa suya para la oficina como me dijo a mi su nana que está tan contenta con ella porque la invitó a las rocas de santo domingo todo enero y todo febrero al lago ranco a la casa de al lado del presidente que va andar en moto y a caballo al mismo tiempo mientras sus hijos juegan fútbol contra los peones del campito y yo feliz porque sino no iba a tener vacaciones ni mucho menos. Recuerdo caerme de raja y mostrar los boxers coco afuera muerta de la risa como solo nosotras las hermanas sabemos reirnos. Recuerdo el auto y el paco que nos detuvo, recuerdo el parte que no pudimos pagar por estar fuera del sacerdocio. Recuerdo el trío infernal dando las ultimas caladas al piticlin mañanero en el cerro de los aviones a papel, vuelta la espalda a la ciudad esperando los primeros rayos del hachazo que te puedo encargar a ti don corleone. 

jueves, 18 de noviembre de 2010

De vez en cuando hay que trancar con la cabeza

Me entretiene servirme de mis recuerdos para torcer una historia como esta. Una historia que alguien compartirá, una historia que con certeza dará mucha rabia a los fanáticos ortodoxos de las verdades absolutas y de los rankings (Pelé o Maradona, los Beatles o los Rolling) intento molestar a los cabrones que se llevan la mano al corazón con el himno nacional, a los vigilantes de la lealtad ultracomprometida y de la tontera patriotera fascista. Espero que haga picar sus pálidos traseros con mis volteretas del tablón. Aún cuando no sé donde vaya a terminar este texto de la entraña. Prefiero aclararlo: no nací polémico, nací cruzado y en una familia intensa y extensa, con una decena de tíos (padre incluido) esperando un sobrino varón. Una familia ansiosa por llevar al primer pendex al estadio, una familia que dejaría el luto de la abuela gritando en el estadio. Así no podía ser distinto el desenlace.

 Ni bien cumplí un año, ya tenía el uniforme completo de la universidad. Dice mi madre que el pilucho tenía el escudo cruzado por la espalda. El día de los franciscos me llevaron por primera vez al estadio, un Santa Laura travestido por las jornadas dobles con hinchas de uno y otro equipo. Pasaban pesadamente los años ochenta. Mi primera marraqueta mechada me la sampé con una crush esperando el ingreso de los “blondos” jugadores católicos; los Pablo Yoma, los Luka Tudor, los Raimundo Tupper (Q.E.P.D). Los de buen pié, los finolis del campeonato nacional. Claro que en esos años me inundaba un romanticismo absolutamente sordo, realmente sentía los valores del buen fútbol (los siúticos de hoy le llaman los valores del caballero cruzado, hoy a los de la mesa redonda sólo los veo en festines y jolgorios perversos, listos para darse latigazos culpógenos), realmente apreciaba ese estilo de jugar a la pelota, de toque, de toque, tal vez demasiado toque. Sordo porque no veía como tejían el futuro de la institución, era weonazo, ingenuo, pánfilo. No entendía que subir al cerro, tan cerca de mi colegio, de mi casa, de mi “barrio”(¿?) significaba en realidad la muerte del equipo, del club, fuimos dando un paso tras otro, cual ganado, lentamente llegamos a lo que hoy conocemos como Sociedades Anónimas. Ni cagando entendía que no jugaríamos los clásicos con la U en nuestro estadio, ni con el colo, en fin ni los conciertos son buenos en la cordillera. 

 En la distribuidora de maderas (DIMA) de la familia de mi padre, ubicada en Independencia, trabajaba Don Enrique, un viejo fanático de la UC. Tenía tres o cuatro posters con los equipos campeones de la cato, los Néstor Icella, los Ignacio Prieto, los Vicente Cantatore; no podían ser más por falta de copas y estrellas. Supe que algunas veces subió la cordillera para seguir a su equipo, supe que su radio de bolsillo nunca le falló.  Era de esos viejitos que echo tanto de menos, esos que aún aparecen en partidos de segunda división, esos que vociferan contra el referí voz en cuello, con una mano exclamatoria y la otra firme con la transistor al oído. De vez en cuando intervenía replicando el comentario del comentarista. Juegue al teléfono (vaso plástico y una pita) y verá, el resultado de esa conversa es único, inaudito y trascendental en el futuro de todo hombre. Pase por la Unión Chica, puede topárselo, viejo querido, viejo chucha, siempre encantado con un borgoña.

 Puedo decir que fui infectado por el gusto del toque y el pase en las pichangas del colegio, en los partidos con los primos, en cualquier cancha, pasto, maicillo, baldozas... puede pensarse que era medio extraño mi sentir pelotero: siempre me gustó más meter un buen pase que hacer un gol, ahora si el gol era resultado de una murallita cuanto mejor. La católica siempre o casi siempre tuvo de esos jugadores que yo idolatraba como una groupie loca. No hace mucho dejé de dormir hasta la suciedad con el uniforme del equipo, jugando finales con la almohada, pegando patadas bajo la sábana estilo Jorge Aravena, Coke Contreras (el pase de borde externo), la vieja Reinoso, Gorosito (tiro libre a colo-colo en el monumental): fotografías de un tiempo que cayó solo. De eso ¿cuanto ha pasado?, ¿Cuántas copas regalamos? Veo al matador, año noventa y cuatro y se me cuecen las bolas.

 Mi vida de fútbol se distorsiona, se vuelve lúcida, crítica, irascible. El fracaso hace su entrada oficial, con uniforme puma y logo cristal en el pecho. Siguieron las intentonas y un par de desastres: Garnero, Capria, Morales. Se hablaba del mejor trabajo de inferiores, del mejor programa formativo. Todo eso lo creía, en el sentido casi religioso, desde la perspectiva católica apostólica romana de la fé. Sinceramente, a la fecha, no le encuentro la vuelta. Hoy que soy un descreído, hoy que no comulgo con casi nada. Hoy me avergüenzo del voto de Jaime Estevez, de Cruzados S.A y de la UC a favor de Segovia, en contra de Harold y en contra de Bielsa finalmente.  Hoy me cuesta ser de un equipo. Me resulta absurdo.

Don Enrique ya no va al estadio, se aburrió de tomar la micro Recoleta - Los Dominicos weón, se aburrió de ver una barra partida en dos (sabe usted que los cruzados, la barra de la UC ha pasado más de la mitad de su historia dividida, sabe usted que si llega a la cordillera escucha al lado sur un canto y en el norte otro, sabe usted que con cueva, sumando ambas facciones, la barra toda alcanza los 100 pelagatos). Don Enrique se aburrió de asistir a un estadio lais, se cabrio de seguir un equipo sin alma, sin pasión, sin pachorra, un equipo fantasma. No era broma cuando decían que el segundo minero rescatado era de la cato. ¿Acaso no vio la ultima final con Colo – Colo?. En este escenario apocalíptico de las últimas semanas me sitúo irracionalmente en el lado Bielsístico de la confrontación, como en todo, uno no elige. Se nace. Uno ama o no ama el césped.

 Es cierto, he querido ser de otros equipos, me he avergonzado de ser un cuico cruzado, he renegado entre botella y botella de mi corazón, pero siempre vuelvo.  Conozco la derrota, me gusta la tragedia, me gusta soñar, me gusta el baile, me gusta el toque, el chanfle. Ahora bien, de vez en cuando hay que trancar con la cabeza, meter un puntete, de vez en cuando, muy de vez en cuando viene bien ganar.

jueves, 4 de noviembre de 2010

AMA el Césped

Anoche tuve la suerte de encontrarme solo en mi casa. Las bellas niñas y la madre paseaban de lo lindo. Suerte porque tropecé, en pleno zapeo televisivo, con el comienzo de la conferencia y despedida de Marcelo Bielsa, el entrenador de la selección nacional. Un dato: el quinto mejor entrenador del mundo, quinto!!! (el sapo culiao de Piraña le dice “Loco” y después se muestra ofendido porque le dan la mano con la otra afirmándose los cocos para no salir corriendo, hay que ser muy rasca, muy idiota, ¿se habrá visto antes algo así?). Me encerré, prendí cigarros, abrí una cerveza, puse la tele a todo volumen y escuché. Escuché todo lo que nos quiso contar por 2 horas y 10 minutos. Escuché lo que nos quiso contar y más, escuché lo mismo que mis compañeros de universidad proclamaban años atrás, afirmaciones que no puedes olvidar: toda acción es política, la forma de ir al baño es política, los puñetes en la guata por cierto también lo son. Así también, para el, para mi, toda producción está reñida con la ética. Creo que nunca tuve la suerte, como ayer, de escuchar un orador más disperso y más profundo, palabras cargadas con plomo, proyectiles teledirigidos a la feria futbolera que no ve otro resultado más que las luca$ financistas del show vistnes, mal nacidos, egoístas e ignorantes, ajenos a los símbolos, a los afectos, ajenos a la condición humana. ¿qué pensará mister pipa?, ¿alguien ha pensado en el?, ¿alguien se acordó de los viejitos, que se sientan solos en la galería mirando y escuchando esforzadamente con la transistor? Bielsa sí lo hizo, lo hace siempre. Ayer se dio el gusto de posicionarse, de pararse frente a los poderosos, de despedirse con la frente en alto. Murió tal cual  Willem Defoe en Pelotón, disparando a diestra y siniestra. Mojándose el culo como nadie nunca lo hace. Bielsa ama el césped, AMA weón, AMA el césped. Se junta con los jardineros a hablar de pasto concha su madre, ¿se pegan el alcachofazo o no?. Lo de anoche me dejó perplejo, triste y furioso, furioso y triste. Soñé con el, odié a Segovia a Bloise, a todos los weones que quieren repartirse jugadores en una feria ganadera (Draft le dicen desde TexMex), ¿porqué Bielsa ya sabía que esto ocurriría?, porque cuando no había nada que repartir $ todos se daban la mano, todos jugaban a ser COLAboradores, les construyeron estadios, les repartieron por igual, pero ahora que todo aparece sustancioso $$$, ahora que unos pocos pueden ganar mucho, ahora que todos son COBRAdores, entonces ahora todos traicionan, si compañeros traicionan cara de rajas los maricones (eso es ser maricones viejas ñoñas weonas del SERNAM). Pienso en las enseñanzas que repartió, en la capacidad de reconocerse en la derrota, estilo Bolaño, me emociono cuando muestran imágenes de Bielsa enjaulado en la línea de cal que le impone FIFA. Me parte el culo la rabia de ver como nos volvemos a farrear las pocas oportunidades que tenemos de hacer las cosas bien, puta madre, ¿hasta cuando la cagamos?, ¿hasta cuando resistiremos?, ¿qué nos queda? olfatear el olor a cianuro asesino sin hacer nada. Porque esto no cambia nada, cambia mucho. Pensar que para el mundial me salió caspa, tuve insomnio, escuché voces concha su madre. Lloro, enamorado weón, enamorado del césped y de la pelota. Seguirá rodando, pero con menos comba, con menos chanfle.

jueves, 28 de octubre de 2010

Angelmó, Puerto Montt, Local 08 (viático)

la dueña del restaurante
almuerza con las 2 cocineras
y las 2 garzonas

las cocineras y la dueña del local son gordas

una vez que los clientes abandonan
se sientan en la meza más cercana a la cocina

para el día de hoy: un contundente plato de porotos con riendas

el sorbeteo es efusivo y compartido en un ensamblaje digno de camareta
(ni que se les fuera la vida entre cuchara y cuchara
ni que se les fuera escapando algo más que el alma)

acto suicida
atentado terrorífico al esófago
la menuda dama toma pisco sour del tamaño de la catedral
la menuda dama agita la copa de la misma manera en que sus interiores se revuelcan ácidamente

abandonado en mi botella de vino blanco pienso en la farmacia.

al baño voy en reiteradas ocasiones

al baño voy en reiteradas ocasiones
algunas veces la hago corta
y una dos o tres más larga (el promedio diario es claramente superior al resto de los mortales)

la lectura se vuelve feroz sentado en el W.C
la lectura se vuelve enferma si no cuento con lo necesario
el tiempo
el silencio
y el cigarro solitario

así las cosas
la lectura me lleva a la muerte

si continúo
libro tras libro
una dos tres veces al día
me desangraré en la hemorroides.

viernes, 8 de octubre de 2010

estuve contando pelos en la ducha



Estuve contando pelos en la ducha, para ver si realmente eran tantos los caídos, para ver si no estaba un poco oscuro, un poco derrotado, un tantico deprimido. “Alharaca la weona” diría Sir Charles (me permito aquí una rabieta concreta contra World el programa de Microsoft, no le gusta que yo escriba weona, weon si pero weona no, me corrige automáticamente a leona, mamonaso el programa… Assun tiene toda la razón sobre la materia). Además de no estar tan pelado, tampoco soy obeso. Panzón, pero no gordo, guataca en el mejor sentido. Evidente sobrepeso, oka, pero todavía me veo la pichula. Y es que con los años, el poder adquisitivo, el endeudamiento sistemático y la carga emocional de ser familia trastornaron mi evolución, si iba camino a bebedor escualido hoy por hoy, como diría la tía abuela de Guajira, la comida se ha vuelto algo primordial, si antes era un tema netamente de sobre vivencia hoy es puro placer, goce, lujuria. Nada de sofisticaciones sushiyama, comida termonuclear y patrañas, comida al plato, carnosa, grasa y muy pero muy saborizada. El picante por ser, antes no era de mi fascinación, hoy si, ya no solo el ají verde, hoy los son todas sus formas y colores, es que se pasa cuando ese picor ardor te agarra y quieres más y más, algo que sucede seguido con todo eso del mal, de la maldá: te agarra y no te suelta, siempre quieres más.

En fin muchas vueltas y pocas heces, toda esta retorcida para afirmar hoy que me da la misma mierda tener 30, 40 o 50. Es importante consignar que todavía no voy a medico, eso es un antecedente relevante. Todavía no me han pasado la aplanadora con exámenes exagerados ni mangueras en la diuca. Las pastillas azules las aspiro. Los dientes están cada vez peor, pero sólo pierdo uno cada diez años, le tengo gran respeto al profesional bucal pero yo ni amarrado. Espero eso si que la próxima muela libre sea del lado izquierdo porque sino el orificio derecho será difícil de ocultar, la risa se volverá trunca y yo un weas lleno de mañas.

Me cuenta un pajarraco que hoy llegan la machines donde los mineros, seguro les llevan ropa limpia y máquinas de afeitar, todo muy planificado para que salgan estupendos (flor flai con el after shave). Está bien, me alegro. Pero si quieren que recuerde bacanamente este día entonces déjense de leseras y hablen y, sobre todo, escuchen a los comuneros mapuches, eso sería pulento. Lo otro ya está. Temperatura agradable, pronóstico del tiempo ad hoc al panorama siniestro, las niñas y Chandy se la juegan con desayuno americano pancetas y medias lunas, suena Charly en la Estación Mapocho (el sonidista claramente es un buen tipo) y mi calendario para hoy no pasa las 4 de la tarde, después...  que la rueda gire lo necesario para justificar este despilfarro de organismo.

martes, 5 de octubre de 2010

30 y qué tanto

Llegué a los 30 -y qué tanto-. Sin drama y con una panza exagerada. Tiempo atrás apostaba por coger la muerte a los 28, tal cual lo hicieron otros más notables. De todos ellos me quedo con Jimmy Hendrix, todo un foxy queridas ladies. Los amigos no pudieron ayudarme a conseguir drogas más fuertes y yo no tuve la valentía de abandonar a mis bellas hijas. Hoy da vueltas en mi cabeza un tope de ideas mortíferas que antes simplemente ignoraba, a de ser la angustia médica moderna, tan en portada, tan de cuentos de fama, tanta pantalla para el fantasma cardíaco y el espanto cerebral. Ideas weonas, ideas cobardes. Lo hizo Andrés Caicedo en su primer cuento serio, a los once años escribió: de los 23 no paso. Fue su tercer intento. Le resultó, un taco de pastillas y a negro.

¿Será esta la década de mi despedida?, espero que no, no todavía, not jet mother fucker. -Así se le habla a la muerte, en dos idiomas porsiaca-.

Ni el diablo lo quiera. Estaría dejando un montón de deudas rascas y malos ratos a mi amada Chandy –según el ultimo balance serían bastantes las peleas, ninguna muy ondera, ninguna de muebles por la ventana, simplemente la rabia que surge de la nada o de casi todo- . Me iría con el infortunio de no haber cumplido algunos sueños compartidos que por ahora aparecen en el lejano oeste. A mis dos hijas me gustaría verlas enfrentar elegantemente el derrotero de la cotidianeidad. Son -sin inflarse- muy lindas, educadas, graciosas y diferentes, una le recordará más al difunto y en ese caso sabrá que perdí el tiempo de buena manera lo cual está muy bien. Cualquier perla las cuidaría encantado de la vida. Ojo, Carlos, Sebastian y P. Blanco lo tienen prohibido hasta la mayoría de edad de las rubitas.

De las cosas que quise y no hice, las que quiero: un compendio como diría el profesor jirafales. Quiero tomar un vuelo a Tumbuctú el día que se me pare la diuca. Quiero invitar a los amigotes a un buen restaurante y poder quedarnos de sobre mesa con carcajadas y mucho humo, con botella de whisky, acordeón, bandolina, guitarras y los Sweters a ojos cerrados (si me dan un bono en la pega, lo escondo del banco y me rajo no más). Requetecontraquiero vivir en el campo, trabajar en una escuela y regalarle unas gallinas a Violeta y una yegua percherona a la Ema. En la misma parcela soñada quiero tener un horno de barro echar un lechoncito sugerente y degustarlo con la familia izquierdosa que siempre me acompaña, la de vinos que vamos a probar, labios tatuados morados tal cual boca de obispo. Quiero ver a Chandy en una foto muy nevada con su amiga Carmen en Berlin Oriental. En querer huevadas por la chucha, la cagó amor que quise arto eso de abandonar la neura sin sentido. Quiero viajar con papi, mami y hermanos a Mendoza como cuando pendex y huevear de lo lindo a los monos que te roban el picnic en ese zoológico fulero. Quiero que lamanoenlacara sea revisado en la cátedra de teología de la Universidad los Andes. Que se acaben las colas en los hospitales y que la selección chilena gane la copa América en final con brasil dándoles un baile de cueca chora a los muy putasos. El día del llamado al más allá quiero irme con tu bocabeso, que me dejen en una roca cerca de un río y que me coman los tiuques, algunas aves rapaces y uno que otro jote –el buitre patrio-. Si les queda un dedito láncenlo al agua para las pancoras.

En fin, quiero y no puedo. Not jet.