En lo que creo (J.G. Ballard)

"Creo en mis propias obsesiones, en la belleza del choque de autos, en la paz del bosque sumergido, en la excitación de un balneario desierto, en la elegancia de los cementerios de automóviles, en el misterio de los estacionamientos para coches de varios pisos, en la poesía de los hoteles abandonados"

lunes, 5 de marzo de 2012

Una reunión para no creerla


1.- Dos amigos - a falta de uno-, tal vez los más grandes, tal vez los más peligrosos, se reúnen en Francia a finalizar estudios doctorales en materias absolutamente innecesarias para el progreso de la sociedad lo que me hace sentir totalmente orgulloso de ellos –claro que orgullo es una palabra que no cabe entre ellos-. Ambos viven de los recursos ajenos –una maravilla- y se dedican a leer novelas, cuentos y poesía que no les serán de ayuda con sus estudios. Destinan la mayor parte del tiempo a viajar y tomar por distintas ciudades y puentes de Europa. Los seis pisos que separan su departamento de la planta baja se suben típicamente deteniéndose en las estaciones pares, momentos hidratantes mágico amorosos, ambos se besan de dos en dos.  El parsete goza de lo lindo sacándose fotos con las bellas inmigrantes de su barrio de inmigrantes y se disculpan forzadamente por falta de idioma.

Hace más de medio siglo por esas calles y por esos puentes transitaban otros malditos de la misma estirpe.

Desde esta triste ciudad les escribí mensajes en botellas de pisco y aguardiente. Desde este ventanuco elevado les he contado, a boca de jarro, mis vaivenes anímicos y las jugarretas más torcidas que pueda imaginar. Pocas veces recibí respuestas tranquilizadoras. La realidad ha dejado de ser lo que era por entonces, cuando nos aburríamos de dar rienda suelta a nuestro desenfreno.

Es arto probable que el aburrimiento entramado directamente con el sufrido existencialismo laboral posmoderno sea el gran responsable de haber construido una suerte de acuerdo con estos dos pelafustanes: viajan por mí. Lo hacen a medias como casi todo, cumpliendo mis deseos más superfluos y antojados, gritando en los sueños pesadillas, sintiendo el hígado explotar. Así país vasco, así el confit de canard, así mirando carros lanzallamas en la carretera rumbo a cannes.

2.- La reunión será en Buenos Aires. Ésta vez participaré. Los lindos me han convocado. Fecha del pasaje: 22 de febrero, 8 am.

3.- La primera cerveza fue a metros del aeropuerto que se llama aeroparque –una desviación del lingus de Alexis Jovanovic, como ejemplo: da edificio departamento-. Aeropuerto Aeroparque, una belleza. La segunda y la tercera también fueron cervezas Isenbeck. Como decía, a metros del aeropuerto y a orillas del río de la plata. Mientras tanto unos pescadores de muelle buscan el Dorado perdido que luego venderán en el costado del mercado de Palermo a precio de oro.

En Caballito las calles son grandes y los árboles frondosos, verdes. Es verano y la lluvia tropical se deja caer intermitentemente. En todas las esquinas hay cafés, pizas, parrillas y un mercadito chino que tiene de todo y nada, porque allá, allende los andes,  todo se compra por separado. Las calles se caminan y se toman cerveza en mano. Las distancias que en Santiago parecen inabarcables se vuelven accesibles y, a pesar del calor agobiante, húmedo, traspiroso, empapado, mojado, ir de un lugar a otro es más agradable de a pie que por otra vía. Para andar en bicicleta hay que tener una buena bicicleta.

Las conversaciones son inverosímiles y giran en torno a la muerte, el sexo, el fútbol y la literatura; formando un espiral, una tormenta. No fuimos culo de golpearnos, los recuerdos sustanciosos de la inocencia perdida.  Por momentos abarcamos la ciudad desde una perspectiva fallida, con el ojo chueco, con la córnea puesta en las lombrices y hormigas gigantes del parque Rivadavia. Las alucinaciones en 3D, el Paraná, el Tigre, la cabaña Faulknereana, los yonkis transgéneros cyborg del pantano, la arquitectura típica de la era Menem que aborda manzanas enteras volviendo la ciudad una ciudad de locos, locos lindos, locos piolas. El wisky de los gansos se combina necesariamente con las pesadillas del horror, los gritos nocturnos, los llantos, el famoso martinete con las luces refractantes de las rubias, las morenas, los culos, las tetas. Variaciones de lo mismo, de lo mismo que veníamos hablando cuando nos crecían los dientes de leche. Imagen hermosa: larga fila del narrador, tiempo detenido, espera inmóvil junto a los escalofriantes pensionados del Banco de la Nación, breves respuestas de agentes del mismo Banco de la Nación precisando errores evidentes del no cliente,  no hay otro consejo posible, el Banco Provincia debe ser más chico que el de la Nación, así con mayúscula. Como las Malvinas o Eva o lo que sea radical, socialista, la triple A, nadie entiende un carajo, como dice el tema: son todos narcos.

Cuando no quedaba nada, ni silencio, entonces las milongas. Y después de ellas, los duraznos. Más que el tango, los tangueros. Más que nada Atahualpa.

La cronología de los hechos permite adivinar por el reverso que si después de la primera noche no perdíamos la vida entonces el antídoto de la tragedia no formaría parte de este breve anecdotario. En fin, la noche nunca se volvió día y así, una cosa llevó a la otra.

Avísenme si la cago.

4.- La comida Saereana…

jueves, 5 de enero de 2012

Fin del mundo las pelotas

Si este va a ser el año en que se va a acabar el mundo yo me resisto a ello. No estoy ni ahí con que el acabose me pille en estas condiciones. Si no fuere así, y este va ser el año en que las cosas van a cambiar de rumbo y se va a producir una revolución socio cultural potente, entonces yo tampoco estoy preparado. Me siento atado a instituciones financieras que ahora andan sin corbatas pero que siguen teniendo cuello y sique siguen robando peso a peso y atado también a organizaciones sin fines de lucro que se llenan los bolsillos enseñando nada. Ni primeros auxilios. Está a todo ritmo este nuevo año. En este sentido no quiero partir la revolución desde atrás mirando cómo avanzan siempre delante los mismos pilluelos. Es que pienso que todavía se le puede dar vuelta a la tuerca desde aquí: postrado. Como dice Chinoy la vida es una espina que me hace cosquillas. El drama personal es que me carga que me hagan cosquillas. Me tinca que tendremos 365 días de combate sonoro bocinazos van y vienen, 365 días de amor entre cuatro paredes, 365 días de hongos en el baño, 365 días con los mismos techos grises llenos de cenizas volcánicas del más allá, 365 días de inundaciones torrenciales y vientos huracanados en alguna parte de los hemisferios, 365 días de atentados bombas y golpes de estado tristes y rascas y hediondos , 365 días en la oficina con ojos vendados y torturas silenciosas de la onda palitos de fósforo entre la uña y la carne -chap sui-, 365 días inhalando napalm frente a nuestras narices, 365 días de cartas gant fatigosas que no se dejan mutar al Project que está tan de moda, 365 días guardando pan duro en el freezer, 365 días comiendo carne animal, 365 días con los dientes en el precipicio, 365 a puro elontril, 365 derrotas. Elontril suena a viagra.

Soy Bielsista, las derrotas no me importan, me configuran.

Cuento los días como preso. En el calendario marco una raya cada día que pasa hasta llegar al mes de febrero que desde hace un tiempo es lejos el mes más emocionante del año. Violeta y Ema asomaron sus caritas en este mes bendito. Cuento los días para llegar a mis vacaciones, VA -CA -CIO -NES. El año empieza en marzo, montaremos campamento, sacaremos los cañones, la artillería pesada y los altoparlantes de apocalipsis now. La maquinaria pesada la instalaremos con las niñas y la Rusia para cargarnos a todos los que atenten contra nuestra tranquilidad y alegría pasajera que queremos tener en casa. Nos vamos a ir en picada contra los vecinos psicópatas que se multiplican, no le vamos a regalar un peso más al bancochile cabrón y a los de las isapres les vamos encontrar una pifia severa que nos permita enriquecernos y sanarnos gratuitamente a costa de ellos. A mediados de año, el día 182 a las 12 hrs. tomaremos el Yarisito y partiremos por encomienda con maletas y mascotas rumbo desconocido a vivir en una cabañita con vista a paisajes que cada mañana nos sorprenderán.

Hasta el día 182 quiero dedicarme a ser el mejor asesor del hogar, preparando estupendos, sanos y nutritivos desayunos a mis guachiturras; haciendo camas, trapeando, barriendo, lavando platos y baños, pero sobre todo cocinando croquetas de jurel con cebollita morada caramelizada con la música siempre desde las 7 am a todo volumen, bailando, flotando a punta de pitos que me permitan leer lento y escribir poquito pero lindo lindo.

Tendríamos perro desprovisto de toda raza y sangre azul con pañuelo rojo wrangler al cuello.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Algo anda mal

1.- ¿De qué sirve trabajar en el Olimpo con las mejores condiciones e infraestructura si todo lo que pasa aquí es como las pelotas? El hombrecito que les habla llega media hora cuarenta minutos antes prepara su día se organiza busca ser eficiente se va a las 18 hrs como le corresponde y su jefatura se molesta lo llama y le pregunta donde está porqué te fuiste. Me fui porque ya hice lo que tenía que hacer. La oficina discursea sobre su profundo apoyo a la vida familiar organiza charlas matrimoniales aconsejan a los padres sobre valores y estrategias de control a los infantes y sobre qué y cómo utilizar la internet cuando se es adolescente pero resulta que si el hombrecito se va para la casa a estar con sus hijas que junto a su mujer son lo único bueno del día le hinchan las bolas y se molestan con él. El discurso familiar y de clima laboral y de bonos navideños y cajas con sahne nuss y colamono y vacaciones generosas son pura mentira retórica que podrá blufear a los más comprometidos con la causa evangelizadora pero a mí no me vienen con cuentos. Los sueldos son discrecionales y secretos según apellido cercanía familiar color de pelo papa en la boca y sobre todo según participación en congregación religiosa dedicada al dinero y la transformación del pobre alma en pena son una herramienta de encarcelamiento panóptico permanente. Así se las arreglan las fundaciones sin fines de lucro. Compra un terrenito por aquí otro por allá arrienda una casita estilo Georgian pal hijito recién casado y luego los remanentes se los reparten entre los seleccionados con mayor puntaje según criterios antes mencionados. La diferencia de renta es veinte a uno. Esto es la calidad vida. La de algunos. La del hombrecito se vá en picada incomodo angustiado y molesto por lo que ve. ¿Pero qué le queda? ¿Libertad? ¿cómo la de los pajarillos? ¡las pinzas! Váyase de ahí le dicen algunos busque otra cosa algo que le guste ¿pero el trabajo así como está le puede llegar a gustar a alguien? ¿Cuál es el sentido del trabajo? ¿El que enseña la encíclica? Sépase: ”el trabajo constituye una dimensión fundamental de la existencia humana sobre la tierra. Mediante su trabajo, el hombre alcanza los medios para su subsistencia, para la formación de una familia y contribuye al bien de la comunidad que lo acoge. En el trabajo, el hombre despliega integralmente su propia humanidad. Creado a imagen de Dios, mediante su trabajo participa en la obra del Creador”. Que me parta un rayo. Yo quiero a mis dos niñas hermosas. Mi mujercita además de ser también muy linda se saca la cresta igual que yo para llegar a fin de mes con un poco menos que lo justo. Pero el banco lo huevea a uno a toda hora sin respeto al sueño reponedor y a fin de año ni carta le manda a uno. A mí no me llegan tarjetas navideñas como le llegaban a mis padres cuando vivíamos todos juntos en una larga historia en la que también se gastaron los suspiros a punta de qué.

2.- El Doctor Mortis me dice que esto va a ser algo pasajero. La calidad de vida. ¿cuál es po?. ¿La de los viernes por la noche a punta de piscolas y desenfreno? ¿la de los intentos por volver a la vida atlética? ¿la del sanguchito palta mayo? ¿la del compadre que hace yoga mientras el jefe le grita en la cara qué pa que chucha vino a trabajar si lo hace todo mal? No me entrego sigo en la pelea tomo pastillas que suben el ánimo y otras que tapan esa sensación creciente y angustiosa de qué algo anda mal.

3.- Rutina del abuelo, Ranco, orilla de lago, qué se yo… ¿90 años?.

Temprano los pajaritos cantan y picotean las migas del pan amasado del día anterior. Desayuno religioso: pan, frutas de la estación, paltas, jamones, huevos, café. Luego el baño absoluto (en el sentido de la completitud de lo que puede y debe hacerse en el baño). Habría que revisar los innumerables refranes y chistes sobre la temática, algunos de ellos los recuerda íntegros en su memoria de Funes y otros quedan guardados en pequeños textos que ocupan la estantería del tocador. También habría que visualizar las adaptaciones estructurales realizadas al espacio en torno del retrete, agregando por ejemplo una práctica mesa que se despliega desde la pared, ideal para revisar los puzles del día. Le sigue una larga ducha. Vestirse, una vuelta al aire libre y, rápidamente, al escritorio: lectura, cartas, lectura. El recorrido por su tierra se transforma cada día en un rodeo aleatorio por sus verdes pastos, alcanzar las lagunas con los distintos patos salvajes que regalones se han ido quedando, hacer un conteo mínimo de las miles de truchas que crecen para satisfacer la demanda boreal de la familia, ojear las bellas hortensias de uno y mil colores, guarecerse bajo sendos arrayanes y respirar el viento de travesía que le trae el lago directo a la cara. Aperitivo: delicias en conserva, callampas al aceite, carnes de ciervos, jabalíes y diferentes tipos de sardinas; y las infaltables copas de jerez, que en el mejor de los casos ya se encuentra helado o al que, reclamando, le agrega un cubo de hielo. El jerez lo sumerge en una dimensión soporífera que le recuerda historias pasadas, historias Hemingway. Almuerzo maravilloso, acompañado siempre de la verdura que la huerta le regale, de preferencia chalotas y habas tiernas a las que no es necesario quitarles la piel. De postre una copa de helado siendo sus favoritos, los más cremosos y los más chocolatados. O puede ser una fruta en conserva con toques del vino de la mesa. Por la tarde cumple metódicamente su rutina lectiva, más puzles y con unos minutos de siesta en su sillón de cuero que mira la Isla de los Ciervos cubierto en un chal escocés rojo. Mientras duerme sueña con su amor de toda la vida. La lectura es atropellada, tan diversa como su capacidad intelectual se lo permite, novelas históricas de colonos que recorren la Patagonia para encontrar el lugar de su vida se confunden con novelas de mapuches que secuestran amigos al cruzar la cordillera y con retazos de anécdotas que dejaron Sundance Kidd y Butch Cassidy cuando arrancaron de la agencia Pinkerton rumbo al sur argentino y luego a Chile; y con novelas negras de detectives errantes, detectives filósofos, detectives muertos –Si se le acompaña una tarde de lectura despotricará contra la educación de nuestros tiempos acusándola de superflua y estúpida por no hacer obligatoria la lectura de Chesterton y su Hombre que fue Jueves-. Puede revisar también algunos poemas de Quevedo y Góngora o su diccionario de literatura erótica. Entrada la noche, a eso de las 19 horas comienza nuevamente con la copita de jerez, los aperitivos y la comida, que en este caso siempre empieza por caldos, sopas o cremas adornadas con encantadores crutones que a pesar de las órdenes médicas nos los deja ni camino a la tumba. A las 21 horas se sienta en el borde de su cama y comienza la operación de quitarse los zapatos.

3.- ¿Cuánto tiempo le tomó al abuelo? ¿Acaso hay que esperar la tercera mitad de la vida?

jueves, 24 de noviembre de 2011

Reroceder nunca rendirse jamás o el i will survive de Francis

El psiquiatra me halló levemente, moderadamente deprimido. Ningún hallazgo sino una simple constatación. A pesar que el Doc es bastante joven, agradable y bonachón la experiencia no deja de ser desagradable. Entiendo a los que arrancan y no vuelven más. Pienso en los internos y lloro por ellos, horror de horrores. El salto al vacío una vez que uno empieza a hablar es real. Y La caída dolorosa. Hay que reconocer eso sí que, para ser mi primera vez, desde el silloncito en que me encontraba no me fue tan difícil expresarme, con mi Rusia los es bastante más, asunto que me parece delicado pero absolutamente normal si se considera que a uno no espero verlo nunca más y por el contrario con mi mujercita espero verme hasta la muerte, además de dormir juntos y ser padres de dos niñas y mucho mucho más. Es preciso anotar que el Doc me recetó un medicamento que debiera mejorar mi ánimo, lo que me viene bastante bien para enfrentar este fin de año que pinta color de hormigas. La Isapre del demonio es bastante optimista me da sólo 5 sesiones.

También me vendría bien un paseo por la nubes o un naufragio en una isla atiborrada de fruta, aves, pescados y mariscos, una isla eso si desierta de humanos. Por un tiempito, nada muy agobiante, un relax.

viernes, 28 de octubre de 2011

Relato incompleto de mi despido


Compañera de trabajo me comenta del olor a gladiolo. Que es lo mismo que el olor ambiente que debe quedar luego de que a un sujeto se le haga saber de su desvinculación con la organización de turno, esto siempre visto desde el lugar indefenso del empleaducho frente a su jefe. Pensaba en ella y me entristecía. Ya bien entrada la jornada de la tarde, cuando el almuerzo rebota en las pestañas y el programa de los bostezos espontáneos golpea y ataca como risa en misa, justo en ese instante me di cuenta de que ese mismo olor se percibía alrededor de mi oficina en piso 13 –lo del MI es sólo una pretensión absurda, cuando en realidad es nuestra, compartida con dos prolijas que me superan en toda tarea de mínimos esperados-. Comprendía al mismo tiempo el porqué de la dificultad de dormir, una de las escasas bondades que atesoraba de la vida infantil. Entendí entonces que mi inconsciente actúa con mayor celeridad que mi consciencia o sentido común o simple sensibilidad y percepción a las claras señales que no quería ver o detectar. En repetidos sueños, como spam de mi apestosa realidad laboral, cada noche,  subía en buzo al piso 14 (elemento clásico de tenida casera Astorgueana que no uso ni cagando) donde descansan los jefes superiores o dioses de este olimpo como el hoyo. Subía e inmediatamente el Opus Súper Metajefe Inalcanzable (operado a punta de corchetes en su todavía visible barriga aparente, porque todo en él es apariencia, marketeo libremercadista de su propia alma en pena, claramente una réplica triste y agonizante del obsceno pájaro de la noche) me miraba sin verme a través de sus ojos poligonales, cargados de sangre azul e irritados de mi presencia miserable, señalando a la secretaria tan respingada como el anterior que me sacara a expensas de la fuerza de la razón policial. Con sobre salto exagerado caigo una y otra vez, una y otra vez, de la cama y lloro golpeado con el velador entre ceja y ceja.

Pero este olor a Gladiolo es un olor abstracto, curioso, extraño, imperceptiblente doloroso, impotente, inhibidor. no conozco ni percibo ni reparé claramente el qué de este olor ni de su componente metafórico, ahora lo sé, gracias a wikipedia, gracias a mi pequeño larousse ilustrado. Muy de seguro lo del gladiolo apunta más a la muerte y a la vejez (lo que a veces es sinónimo de lo mismo) que al perfume que emite dicho hermoso pariente del floripondio. Pero en mi caso y en el caso de la compañera apuntaba a la posibilidad cierta de que me peguen, más o menos afligido, un cruel puntapié en la raja y chao fuera de esta honorable organización de la cuáles parezco no ser parte ni haberlo sido nunca como se me plantearía dulcemente con cianuro en la copa feliz del edén. Una pena y un susto. Posiblemente, tiempo después, un alivio de luto.

Esta reflexión ficticia espera no ser decidora del futuro personal que me espera pero bien puede serlo. La sensación y olor a muerte se impregna como el olor de la comida del casino de esta torre de babel. Como grasa.




miércoles, 24 de agosto de 2011

La verdad de la milanesa o la falta de aire y lo que el viento se llevó



La Chandita está que llega de reunión de apoderados a la que no pude asistir por estar en jornada de trabajo soporífera. Esto que les escribo y cuento tiene tiempo de expiración, su llegada y la de las rusitas que están guapas, tremendas, sueltas, tan distintas, tan pero tan para comérselas. En fin, acabo de aterrizar y no puedo dejar de pensar en que algo tengo que decir. 

Antes de expresarme libremente siento que debo instalar mi contexto apremiante, estoy hasta la coronilla, hasta la tuza. La neura reventó el fin de semana antes pasado y ahora me estoy terapeando yo mismo después de darme cuenta (Heidegger) lo que disfruté (profundamente, personalmente, enquistadamente) llegando a casa garabateando a los cuatro vientos silicios, naturalmente, como acto de sobrevivencia, para contar cualquier situación de forma espontánea, sencilla, sin men ti re tas (es una sensación de performance constante y conservadora que me dura todos los días desde las 8 am hasta las 18.30 pm, una terrible sensación de autoengaño).  En este “actuar afuera” las expresiones preferidas son coloquiales, instantáneas, ácidas, críticas, propias como estas líneas, honestas, pero sobre todo recursos que me permiten expresarme sin camisa de fuerza, sin callar frente a comentarios intolerantes e ignorantes, comentarios que se quedaron pegados al último toque de queda que recuerdan nostálgicamente invocando a sus héroes ya enterrados. Es un espíritu muy Longueireano.  De la línea como que ellas nunca llevarían a sus hijos a una marcha, que es un abuso a esos pobres menores, que cómo les enseñan esas costumbres. Yo en serio, en verdad verdadera (como diría Popeye) pensaba que la palabra costumbre era una mala costumbre erradicada por la pureza de la palabra cultura. En definitiva el relajo y la posibilidad de ser normal y no el estilo costumbrista del opus dei del orto lleno de fétida mierda.

Recuerdo que ahora tengo unos tíos y tías que me leen y emocionan y  espero que no se sientan ofendidos por los garabatos pero es lo que quiero decir sobre esa gente tan hipócrita.

Supiesen ustedes las fachateses que escucho a diario, la falta de sensibilidad. El exceso de miedo, el perpetuo sometimiento a la antigua vida latifundista, esa OMINOSA adoración a ídolos malignos como el charlista numerario Gonzalo Rojas que habla de hijos y familia y educar y poner reglas y normas citando la encíclica y la dominus rectus manflinflis sin haber tenido un hijo por el cual desvivirse, sin haber tenido una mujer por la cual querer llegar a casa que no es su casa sino la de estos casi curas con permiso a farra, billete y orgía bachiller.

Hay quienes no perciben la importancia con que se re resignifican estas palabras en mi tripa corazón. Escribir, patalear, decir:

Estoy con ustedes queridos y admirados estudiantes, amo a los corredores de la manzana que rodea la moneda. Me masturbo con Giorgio y la niña comunista que se parece a la hermosa Consuelo de la universidad. Estoy con cada uno de los guerreros que se toman de los brazos para detener a los flyters anarquistas cogoteros que la embarran siempre. Pienso en los mismos abrazados como si mi abuelo cruzara ese río tan ancho que se escribe entre él y yo cuando nos pensamos en estos asuntos. Adoro saber que por jil de pelo largo al menos una vez me fui detenido en una linda manifestación pirula. Ruego al dios de la buena estrella que acompañe este paro, para que nadie fallezca y repito la oración para que este imbécil que ya se nos va con su tic nervioso galopante no la cague más todavía.

Get back love. Rallé con el dolor de la claridad del alejamiento leyendo los correos de los compañeros de colegio vosciferantes atrevidos políticos transparentes incapaces de ponerse en el lugar del que estudia debiendo, se casa debiendo (para ponerlo en sus términos a de ser una ceremonia eclesiástica), arrienda debiendo y pide un crédito para la casa propia y le responden que no porque le quedan todavía quince años debiendo. ASFIXIA.

¿Y qué decir del amor?, ¿de las historias de los romeo y de las julieta? Faltanme los adjetivos para los cabros que fueron pokemones y ahora son los que dan la cara. Les quiero decir que (dentro de lo poco) mis ollas presentan contusiones graves que son tristes homenajes de lo que les agradeceré cuando la Violeta alcance la mayoría de edad, que  mis conversaciones  (aun cuando lateras, pegadas, monoparlantes) no perdonan la violencia con que se los ha tratado, que mis paseos por el parque se han trasladado a las marchas familiares, que independiente de lo que diga escriba o haga siempre sentiré que habiendo podido hacer algo más sólo fui un chanta observante tolerante más o menos cleber que ahora despabila cuando siente que ya se le pasó la hora.

Para el remate un tema que le he escuchado a los roling stones argentinos: time is on your side, yes it is.

Las tres imágenes con que me quiero quedar, pase lo que pase.

1.- Pokemón estudiante universitario maduro crítico insobornable.

2.- Loco que no deja de correr colorado como tomate. Lola que corre más atrás más colorada y más raja que el loco que lleva la bandera chilena flameando día y noche alrededor de la casa de gobierno.

3.- Pendexes del movimiento dan charla catedrática a senadores e invitados como Carlos Peña, José Joaquín Brunner y algún otro representante de algún directorio de alguna estupenda universidad como la mía de la que ahora recibo correos electrónicos invitándome a capacitaciones de empleabilidad. Y diplomados de gestión del autoestima concha tun tun.



martes, 26 de julio de 2011

¿Y diosito donde está?


  
1.- La matanza de Noruega ejecutada por un psicópata ultraderechista resuena en las mentes de todo lector aficionado a los policiales de Hennig Mankell donde su osco detective, Kurt Wallander, la estaría pasando como las reverendas pelotas con estos desenlaces fatales del país vecino (el policía vive en Ystad cerca de Malmö, Suecia). Al menos en mi caso, la cercanía geográfica entre la historia real y las ficciones del novelista, así como el modus operandis del deschavetado blondo y la siempre imponente presencia del frío mar nórdico han detonado invenciones terroríficas de imágenes cargadas de dolor y sin sentido en las vagas reflexiones personales afectadas por este sangriento episodio.

La verdad es que son escasos los antecedentes con que cuento respecto de estos incidentes, primero los bombazos en Oslo y luego el baleo a diestra y siniestra en la Isla de Utoya; las cifras de muertos son impactantes y las pequeñas historias de las víctimas sobrevivientes son aterradoras, entre ellas me afectan hasta las lágrimas los relatos de jóvenes y niños saltando desesperadamente desde un acantilado al gélido mar, me doy cuenta que varios deben haber muerto congelados y otros aporreados contra los roqueríos. "The horror! The horror!" Pienso apesadumbrado que yo habría caído herido de bala porque ese salto al vació no lo practico ni cagando, ni muerto. 

Es cierto y repudiable, de acuerdo a los innumerables casos narrados por Mankell, que en estas tierras y culturas se encuentra un sin fin de organizaciones e individuos marcados a fuego por ideas absolutas y postulados fanáticos de limpieza e higiene racial, (sobre esto es recomendable echar una miradita a la serie policial basada en las novelas del autor, Wallander, trasmitida en Film and Arts, los Lunes a partir de las 21 horas). Pensamientos desquiciados que afectados por las condiciones en que nos ha tocado vivir desarrollan la locura a tal punto que, individuos como este, construyen un plan de atentados y asesinatos de la misma manera que otro imbécil diseña un juego de guerra para los Atari de todos los niños del mundo, de la misma manera que otros se hacen los lesos con hijos comprando metrallas por Bazooka.

Al recabar antecedentes literarios de este tipo de historias, en conexión con estas culturas y geografías nos encontramos con el fallecido Stieg Larsson y su trilogía Millenium, la atmósfera es la misma y algunos personajes bien podrían ser el asesino este. Países donde parece estar todo cubierto, donde todo funciona, países donde no existen las necesidades sino deseos y aspiraciones.  Países donde abundan los huevones aburridos con tiempo y energía para desarrollar cartas gant de asesinatos a primeros ministros y atentados céntricos y juegos de guerra con armas reales en los bellos campamentos de verano de la isla de Utoya.

El abogado del homicida ha señalado a la comunidad que su defendido está loco, que vive en un estado psicótico donde la realidad se ha vuelto, para él y su ralladura, en un estado de guerra y amenaza constante. A veces pienso que este argumento es una trampa de ingenio, una respuesta sencilla y facilista en términos jurídicos. Si este huevón se siente amenazado y en estado de guerra viviendo en la tierra prometida, qué le espera al (riesgo social) adolescente que crece en plena población pincoyana o cualquiera otra. Es evidente que confundo peras con manzanas y que una historia así es inabordable. Pero no puedo dejar de incrustarme en el espanto de lo sucedido.

2.- Una vez Claudio Bertoni escribió un texto para el Clinic donde daba triste cuenta de un paquistaní, que luego de haber atentado contra un hotel lleno de turistas americanos de la CIA (la cifra de muertos era alta pero no tanto como ésta última), quién, herido de gravedad, era entrevistado por un periodista de alfombra roja mientras perdía sangre y color natural. El hombrecito contaba que en su pueblo natal se dedicaba a vender yogures en un carrito. En su momento y hasta el día de hoy me parece perfecta la manera literaria de enfrentar esas imágenes, el detalle de fijarse y fijar lo importante en lo menos noticioso sin perder de vista el dolor que provoca nuestra miserable condición humana. Pero el hombrecito, como buen musulmán en guerra santa, es decir como buen islamista violento mencionaba a dios, o el error de dios, el horror de dios que tenemos.

A este vendedor de yogures nadie lo acusó de loco, ni le puso el cartel de psicópata. ¿y eso por qué? ¿Por qué dios le habla y le dice qué hacer?

Siguiendo con el poeta me quedo con lo que dijo en Conversaciones con la Poesía Chilena. Bertoni contaba que creía en un dios que escapaba a la respuesta, no creía en un Jesucristo hijo de dios, ni en uno todopoderoso. Su dios no se encontraba en ninguna parte, era un estupendo dios ausente, refería también a una Ateología y a un tal Dionisio Areopagita (de lo que nunca investigué pero hoy me entero que este Dionisio fue discípulo de San Pablo, antecedente importante porque le da una temporalidad distinta a lo que imaginaba) y que para él, su dios, es un dios que no puede ser pensado. Porque ¿cómo pensar en dios con tamaña atrocidad de fondo? Yo al menos, al caballero de blancas barbas, lo dejo afuera de todo esto.

Este tipo de escenas e historias fatales han encontrado una curiosa manera de impregnarse en mi memoria y, su recurrencia, puede llegar a deshidratarme en pleno insomnio nocturno, pero la mayoría de las veces se configura como una pesadilla de la cual no soy el héroe ni el villano sino un simple observador aterrado.

¿y si diosito en realidad se aburrió de nosotros y nuestras leseras y se fue al subte ahí donde está su antiguo amigo don sata muerto de calor con harta tentación y minoca y sandungueo esperando que llegue el loco de Oslo métale yogures con ron y cornflakes de mariguana esperando al siguiente de la temporada? Ah? Ah?

En fin (pregunta pal bronce): ¿y a Longueira quién le habla?, ¿qué podemos esperar de él? Terrorcito.

martes, 21 de junio de 2011

La Memoria Barroca o el recuerdo exagerado del campo

Los recuerdos de la infancia y juventud temprana me parecen imágenes exageradas; entre el olvido y la memoria concentro un grado de fantasía que decora barrocamente todo lo que pueda decir.

Mi fascinación por la tierra y el contacto con ella se circunscribe a esta sensación de lo exagerado. Aun así, la reminiscencia de esta parte de mi vida es luminosa, cargada de olores y fuertes sensaciones de que en esa época estaba más vivo que hoy.

El capítulo valle central lo refiero a las aventuras familiares, por el lado Izquierdo, en la ciudad de Santa Cruz y sus campos, cerros y tranques. Estos fragmentos de mi vida los dominaba el idolatrismo por el primo mayor, el cariño infinito al padrino y la breve temporada en que mi abuelo Pancho dejó huella entre los quiosqueros y viejos cascarrabias de la plaza y el club social.

Nunca me ha gustado la figura del patrón de fundo, menos todavía la del huaso pituco que habla de ñato, que guarda a su mujer moderna en la cocina y que tirita cuando se habla de reforma agraria. A ese huaso no le doy pelota. De ellos está lleno. Pero por suerte este valle de Colchagua reúne pueblos y escuelas de formación con profesoras octogenarias valiosísimas que han influido alegremente en la gente del campo, permitiendo su aprendizaje y el orgullo y cuidado de su cultura más profunda. Una de ellas es la Nanita, abuela del primo mayor (Nota aparte: campeón regional del flato en su forma de abecedario completo), mujer de semblanza tranquila, cariñosa y alegre, una mujer bella, delgada y elegante en su sencillez. ¡Que ganas de haber sido su alumno! Y qué decir del tata Juan, el único hombre capaz de acompañar esta tremenda mujer, un caballero, delgado y tranquilo,  conocedor y observador silencioso de cuanto partido se transmitiese por la tv o la radio o simplemente en su imaginación. Nunca supe su equipo preferido. Nunca lo escuché burlarse de las derrotas cruzadas. Todavía lo veo en el estar de la casa de su hija Cocoy sentado con las manos sobre las piernas, sereno siguiendo un clásico del domingo. Tal vez con una risa suave, entre picarona e ingenua, provocada por alguna payasada de uno de los muchos nietos que siempre le acompañaron.

Y no puedo olvidar a Ramón Vallejos, de quién guardo la impresión imborrable de su estampa parecida al cowboy valiente del cine en su casa. Figura entrañable de este pueblo de la Cruz  y de la Santa ahora transformado en museo por el deseo filantrópico del exportador de armas multimillonario que es Carlos Cardoén, quien debiese conceder una biografía no autorizada de sus anécdotas bélicas y las seguras participaciones en la CIA y la KGB. De este Ramón mítico nunca sabré porqué su cariño y afecto. Este Ramón ídolo, que perdió a su querido hermano, no hace mucho tiempo, en un duelo por la espalda, en un ajuste de cuentas. Este Ramón siempre  a caballo o al volante de alguna camioneta tamaño gigante, este Ramón siempre cariñoso, de voz ronca, con sus estupendos perros que lo acompañan y cuidan de caer o dejar el poncho en alguna zanja perdida. Este Ramón sigue presente en mi sufrimiento urbano capitalino falto de aire.

Y por las recrestas no puedo olvidar el futbol en canchas improvisadas con arcos polerones y líneas invisibles. Imposible evitar mencionar la influyente presencia del Dago en mi fervoroso, sufrido y a veces avergonzado seguimiento al equipo universitario de la iglesia católica y apostólica y romana de la franja azul, tan dolida en estos días.  Por Dagoberto me creí Prosinecki; eximio jugador de la selección yugoslava, de parecido innegable con el actor Willem Defoe, campeón del mundial juvenil realizado en nuestro país el año 87 y luego Croata a causa de la guerra de los Balcanes y, entre otras similitudes, rubio como yo, medio jorobado como yo, técnico en sus pases y habilitaciones como yo, enamorado de la pelota como yo, lenteja para ir tras ella como yo. Dagoberto Urzúa, único tío realmente bueno para la pelota, único tío con posible  nombre y espíritu de futbolista brasilero, único tío casado con la graciosa hermana de mi padre, Mané.

También figura enquistado en mi corazón mi tata Hernán, no solo por el olor a Sur y a río y a pesca y a libro inglés y a policial negro y a cocina a leña y a desayuno atómico: palta y jamón ahumado y frutas de la estación y huevos y más jamón por si las moscas, sino también por los vívidos recuerdos de las salidas tempranas del colegio, de los secuestros premeditados en busca de las cacerías de pajaritos rodeados de lindos campos de bellos arrozales y de maravilla y amaneceres neblinosos ocultos en camuflaje militar a la espera de la valiente tórtola que atraviesa rauda y zigzagueante como el soldado Ryan en su desembarco en Normandía. Y por las tardes ya medio bamboleados de tanto vodka tónica subiendo lomas cubiertas de espinos para acechar la llegada de los pajaritos sobrevivientes que buscan su rama para el sagrado descanso. Fui y seré mojonero. Recuerdo sangre y plumas, recuerdo el morral atiborrado de tórtolas y perdices. Si se me permite, la parte negativa de todo esto dice horrenda relación con una cantidad importante de cazadores furtivos que tiene su origen deformativo en las fuerzas armadas de nuestro país, carabineros en retiro su mayoría, fanáticos enajenados de campeonatos de caza metralla en mano los que develan su ignorancia y falta de romanticismo (basta leer Miguel Delibes para reconocer este sentido atávico). La cacería que yo recuerdo es solitaria, fría y barrosa, con neblina y un trago de algún destilado que honre la muerte toda vez que volvía con el plumífero dando sus últimos respiros.

Recuerdos fundacionales que escritos hoy desde este piso trece parecen un lamento nostálgico de una vida lejana y añorada, recuerdos que espero no olvidar jamás.

martes, 7 de junio de 2011

Antes un alud


El estallido volcánico del Cordón Caulle engrandece y magnifica involuntariamente la figura del abuelo. En otras palabras, lo que uno diga del tatita se vuelve una mentira personalísima.

Es un poco espantoso venir a enterarse de este cordón volcánico ahora que la cosa está en plena erupción, cuando arto tiempo atrás estábamos métale pescando en unas pequeñas lagunas cordilleranas que ahora son sendos cráteres furiosos en actividad destructiva a todo cachete. Este Cordón Caulle, del cual te puedes informar en www.wikilosrios.cl , está en toda la Sierra Nevada del Lago Ranco por un lado y el Puyehue por el otro. Basta decir que el paisaje montañoso de estas coordenadas se encuentra rodeado de torrentosos ríos y escarpados cerros. Una mirada atenta, bien intencionada y conocedora, como la del abuelo, permite ser cauto y evitar alarmismos apocalípticos. Es decir para no caer en la tontera alharaca de creer, sentir y pensar que este sí que es el fin de Chile y el mundo, hay que saber que en 1955 el Volcán Carrán bañó de ardiente lava todo el valle del Riñinahue; y que ahora, sesenta años después, lo que fue un siniestro es una conjunción de bellas laderas que caen ingobernables de estos cerros que evidencian fuertes erupciones volcánicas, a través de orillas de ríos transformadas en canaletas de piedra pome que forman imponentes saltos de agua, arenales, nóveles bosques llamados renovales y tierras con excesos minerales a toda vista recientes. 

Son bellas las caminatas por estas tierras, es buena la pesca. Es, exagerando, una tierra todavía poco explorada.

Es la tierra de la aventura y de las hazañas forestales (por favor la ecología profunda reservese el derecho a no opinar). Es la tierra en donde se forjó el espíritu de los mismos que hoy ni cagando se van a mover ya venga el presidente con su Hinspetter (que es como el rodweiller del chorito de plaza) gritando voz en cuello del peligro inminente. De este grupete busca formar parte mi abuelo, sin ser un colono, su historia, fantasía y literatura se han construido en este mito, en esa figura y en esa cultura. No es la imagen de los Ingals ni de los colonos yanquis en cuatro por cuatro que mostraba el cine en su casa, sino la de familias de colonos belgas de 1930 cruzando los ríos de la región de Aysén en carretas con ruedas de madera y caballos extranjeros cagados de fríos con el agua hasta las orejas y la nieve un poco más abajo. Es y será la imagen del pirata perdido que navega en lagos de agua dulce a punta de balsas de troncos flotantes que cargan monedas de oro en madera nativa. Es el viejo mañoso que raptado por mapuches del lado argentino negocia su vida a punta de botellas de whisky y mujeres de pelo amarillo. El mismo crestón que mira el suelo buscando ramas de las que agenciarse un firme bastón para apoyarse en eternas caminatas. Es el abuelo que enseña a cruzar ríos tomados de la mano y en cadena donde cuatro patas son más que dos, más firmes y seguras. Y a la vez y con el tiempo es el abuelo de tu corazón que te deja ese grabado de agua fuerte y no se te olvida nunca y lo piensas bien, filosóficamente,  y ese río Nilahue que cruzábamos osadamente ahora se vuelve como la vida. Y esto ya parece la película “A river run trough it” de Robert Redford, y las niñas ya lo saben: es la misma en que actúa Brad Pitt con el postergado, pero recién ahora valorado, Craig Scheffer que juntos las hacían de hermanos McLean, hijos del reverendo presbiterano, y los perlas pescando de lo lindo en los ríos de Montana.

Es el abuelo que en su ocaso vuelve a levantarse, testarudo, sin dejar que nadie le ayude ni le  tome el brazo, el tata que ronca ebrio de fragante jerez Tío Pepe como los tronados del Carrán, es el abuelo que bien preferiría morir arrasado por el  alud del Iculpe antes que ir a parar a un hospital privado de libertad a culpa de un mal moderno. Es Hernán Ugarte, ese viejo cabrón, que nos vio crecer asustado por la falta del Candor del Padre Brown y la ignorancia y ausencia del Hombre que fue Jueves, es el mismo abuelo que lee una y otra vez el excitante diccionario de erotismo ilustrado en el baño a las seis de la mañana. Es el retata furioso por la segura inoperancia del alcalde y del intendente y de todo aquel que no vaya a escuchar sus consejos. Es el mismo viejo que debe tener la Violeta amarrada al muelle fantasma lista para zarpar al rescate de sus vecinos y amigos y desconocidos todos en estado de emergencia. Y el leyendo con las botas puestas sin siquiera inmutarse de la serpiente de fuego que baja por el río de su vida. Y el que espera irse de último será espectador privilegiado de la fuerza de la naturaleza que brama desde su centro.

Y uno aquí, como las reverendas huevas, sentado frente a un horrible notebook, en el piso 13 de un edificio ultra moderno, soñando despierto con el río de su vida, con el abuelo de su corazón.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Brevísima pelada de cable en el aburrimiento total del laburo.


Ill Giusepe bien podría ser una tienda de zapatos, una tratoría, una pizzería o una cordonería. Para mí ill Giusepe es el nombre íntimo del mafioso más cabrón de Nápoles, Sicilia y  el barrio italiano de Nueva York “La Pequeña Italia”. Digo íntimo, porque públicamente se llamó Salvatore Rina, apodado “La bestia”, o a veces “El corto” en razón de su pequeña estatura. En siciliano: il brevísimo.

Salvatore Rina fue el nombre artístico que le permitió desarrollar una importante carrera criminal, asesinó personalmente a unas cuarenta personas y se cree que ordenó las muertes de otras mil. Así con la cultura occidental, todo es una carrera, todo una competencia. A su familia la conocieron por “El cíclope del mal de ojo”. O “Donde pone El ojo pone la bala”, ¿les suena?

Rina tenía gustos excéntricos, privados, torcidos y malolientes. Un botón de ello: informado de que Pier Paolo Pasolini comenzaría a rodar Saló –Los 120 días de Sodoma-, busca audiencia con el afamado director comunista y a punta de amenazas, llamadas a la familia, torniquetes y torturas chinas -como el tradicional aplique de palo de fósforo entre uña y carne, hasta lograr la deseada infección y la caída del meñique- consigue el mítico papel del sacerdote cariñoso, sádico, sodomita, zoófago, necrófilo y busca pleitos, alias “el Pappa”. Como no tuvo el reconocimiento esperado, encargó la muerte del director a uno de sus amigos de infancia, amigo que, entre otras suspicacias, le conocía las mañas y costumbres más atroces, como limpiarse la raja con la mano de su primera víctima; una mocosa de 11 años que en la escuela le llamó chicoco, en el coa de la Cosa Nostra: chi loco.

Es preciso dar cuenta de la contradicción vital que aquejó el ano de Salvatore. “La bestia” proviene de la familia corleonista, un sucedáneo transgénico de las familias De Niro y Paccino, por ello su afición cursilínea y sensiblera a las artes escénicas. Comentaba su amigo de infancia, Il Bambino Due, que Chis loco, escenificaba distintos personajes históricos y distintas actrices Milanesas junto a sus amantes y animales más cachondos. Versiones que le fascinaban “Nerón y sus gatitas” en la que la distinguida Chicholina era una gata siamesa que perdía la cola atacada por una alergia a los preservativos de marca Diadora, también recordaba la brevísima aparición de la novel Lucía Iriart en la versión con gafas oscuras de “Cleopatra y la serpiente cunnilingus” y, por supuesto, la más repetida de todas -hasta el cansancio-, “Pinocho nariz de zanahoria perseguido por el burro de tulísima gigantísima”. Un clásico de sus encuentros zooficos en el barrio gótico de Triestre.

No bien pasaban los años “el Corto” fue decayendo en perversiones sexuales y en participaciones millonarias con la industria del retail y el negocio inmobiliario, estrategias exitosas de las cuales fue pionero en lavado de dinero. Por el contrario la misma vejez y la creciente locura senil le reportaron deseos tánicos irreversibles de asesinatos e ingobernables ganas de dar sufrimiento al otro hasta provocar su fin, es decir lo que antes fuera cacha y muerte, en sus últimos años fue sólo muerte.

Su vida no fue pública ni privada, sino prohibida.